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A fuego lento

A fuego lento

Debo admitir que, durante algunos días, le di la vuelta a este texto. Además de la procrastinación regular que en ocasiones aparece cuando me dispongo a intentar plasmar en un texto lo que siento, esto que lees conllevaba un ingrediente adicional y único: escribir por primera vez sobre nuestro hijo, Sebastián.

No conforme con eso, complementarlo con lo que se vive en un Grill Master (¡después de más de 1000 días sin uno!) representa un desafío aún más apasionante. El Parque SMP es un lugar especial en muchos aspectos.

Vamos a ver. Cuando hace un año y tres meses decidimos oficializar nuestro compromiso de compartir el resto de nuestros días juntos, la idea de ser padres rondaba ya por nuestras cabezas. Siendo algo tan único, mágico, místico y, en ocasiones caprichoso, el ser padre lo consideré siempre un gran anhelo, más nunca una obsesión.

Ese gran anhelo siempre ha estado por varios motivos. Primero, por honrar a mi padre. “Ponerme a prueba” y comprobar si, como él lo hizo conmigo, era yo capaz de amar a un ser humano de esa manera tan incondicional.  La segunda, para conocer una felicidad distinta en mi esposa, para conectar con ella de una manera diferente y construir ese proyecto ambicioso juntos, incomparable a cualquier otro. Para mostrarle el mundo a alguien. Para compartirlo todo. La ilusión por Sebastián contiene muchos, muchos motivos.

La gran noticia de nuestro primer hijo la recibimos recién terminaba el 2021. Ese momento, evidentemente, es algo que jamás se me olvidará: mi esposa llamándome al baño sin responder nada cuando le pregunté “¿que necesitas?”. Encontré a Laura en llanto, con una prueba de embarazo en la mano. Era 30 de diciembre y su preocupación era que, al saber, ya no podría tomar alcohol en la fiesta de fin de año del día siguiente. Si le servía un Jagger y me lo rechazaba (algo que jamás ha pasado), sería poco creíble cualquier cosa que inventara. Así pues, nuestro mundo y nuestras prioridades cambiaron para siempre.

La primera visita al doctor fue a inicios de enero, en donde reconfirmamos el diagnóstico “informal” de aquel 30 de diciembre, arrojó la fecha estimada de nacimiento: última semana de agosto. Después de unos segundos de silencio, los dos pensábamos lo mismo: nacerá en la semana del Grill Master.

La evolución del embarazo fue positiva y “normal”. Lo entrecomillo porque lo que piensas en esos meses, nunca cruza por tu mente. La naturaleza nos da ese espacio para “prepararnos”, pero pocas cosas son normales durante esos días y esas noches. Por favor no venga nadie a decirme que “está listo y preparado” para ser padre. Podrás estar emocionado, podrás leer, podrás añorar, pintar su cuarto, construir, comprar y gritar que “ya lo quieres conocer”, pero no lo otro. Es el ejemplo perfecto de la convivencia (y posible balance) del miedo y la fe. De la ilusión y el respeto por lo desconocido.

Lo único “anormal” de nuestro niño fue que “venia muy grande”. Sano, pero enorme. Eso le daba un grado de incertidumbre sobre la fecha (que originalmente era en la semana del 3 de septiembre, casi cuando escribo esto). En búsqueda de que fuera parto natural, seguimos monitoreando su evolución. La probabilidad de que naciera antes, siempre estuvo latente.

Allá por el 20 de agosto el médico nos dijo de manera muy tajante que la opción del parto natural era poco probable. Sería un bebe cercano a los 4 kg. Cesárea programada. Si las condiciones se daban para el parto natural, debería ser el fin de semana del Grill Master. De no ser así, nuestro hijo comenzaría su camino con nosotros en la semana posterior al evento.

Dadas esas fechas, estaban claras algunas cosas: mi esposa no podría estar en el Grill Master este año, un evento del cual estuvimos hablando todo el año y que cada vez que visitamos el Parque SMP nos imaginamos el regreso de toda la gente coreando a los ganadores, a los músicos y, sobre todo, disfrutando el compartir una cerveza y un platillo después de más de 1000 días de no hacerlo en el marco del campeonato de parrilla más grande de Latinoamérica.

Otra cosa que estaba clara, era que mi participación no sería tan extensa como en los años anteriores. En cualquier momento podría recibir una llamada de labor de parto, o de algún imprevisto. Pero también tuve claro que estaría al menos un tiempo, en cada día del evento. ¿Por qué tenía tan claro yo eso? Eso es lo que descubrí en el Grill Master HEB 2022.

Cuando llegué, me di una vuelta, solo, alrededor de todo el evento. Ver las cosas desde lejos, antes de que empezara el show, debió ser por ahí de las 12:30pm. Es un ejercicio interesante para palpar los ánimos de los asistentes en ese momento. Comenzar a ver detalles, apuntar, siempre buscando mejorar. Luego, nos pusimos a entregar proteína de HEB a todos los equipos. Ahí noté el primer guiño del mood que había en el ambiente. Emoción, ansiedad (¡de la buena!) por vivir al máximo el evento, de cada equipo.

Lo siguiente era ayudar a servir en el área de Fire Masters. Todos con una tarea, todos trabajando en equipo, todos comprometidos, todos disfrutando el reencuentro. Ejemplos de padres e hijos. La gente, aún con lluvia, haciendo fila, degustando y disfrutando.

Así, regresé el sábado a mi casa teniendo un largo camino (de unos 40 min.) para reflexionar sobre lo que significaba lo que estaba viviendo. El domingo repetí la dosis y lo disfruté. El calor, la caminada, el lodo, la lluvia, la música, las sonrisas, los niños, la carne, los animales, el grupo, los jueces, los voluntarios, los emprendedores, los técnicos, los asistentes. TODOS, TODOS, buscando el bien del otro, todo buscando que disfrutaras. Idealismo puro.

La ausencia de contracciones ese fin de semana anunciaron lo inevitable: cesárea programada. El lunes llegaron mis padres de Torreón, el tiempo se agotó.

Muy en el fondo sabía yo que para calmar los nervios por la llegada de nuestro primer hijo había un “antídoto”, y ese era el Grill Master. No el evento en sí, sino la gente que asistió, la vibra. Los que lo soñaron. Los que esperaron, viajaron y se mojaron. Los que creyeron que volvería, los que a fuego lento prepararon su platillo favorito. Los que, sin saberlo, nos acercaron a nosotros, los padres primerizos, a ese sentimiento de “sentirnos preparados y listos” para un momento así de relevante: el nacimiento de tu primer hijo. Los asistentes al Grill Master nos acercaron entregándose al máximo. El staff, los que cocinaron, los que montaron, los que cuidaron, todos.

Al final, ser padre representa eso: entrega total. Educando a fuego lento, controlando lo que podemos controlar y aceptando lo que no, tal cual se cocina el mejor lechón, el mejor cabrito y tantas cosas más. Las cosas buenas llevan tiempo.

Lo que viví esos dos días me prepararon inconscientemente para lo que estaba por experimentar. Lo que sentí esos dos días me reafirmaron que los importantes siempre estarán y que la familia es el pilar de todo. Yo sabía que estar ahí me daría una calma diferente. La comunidad SMP demostró que sabe esperar, que sabe esforzarse y también disfrutar cuando toca hacerlo. 

El Grill Master HEB volvió, mejor que nunca, el 27 y 28 de agosto de 2022. 

Sebastián Garza García llegó el 30 del mismo mes.

Algún día le contaré a Sebastián dónde fue que encontré algo de calma en el camino, para finalmente recibirlo.

Los dejo con una receta de carne asada tradicional para disfrutar de un domingo en familia.


Ingredientes

  • 4 piezas de aguja norteña de ½ ”
  • 4 huesos de tuétano cortados por la mitad
  • 20 g de Rub rojo SMP
  • 10 g de Rub de la Costa SMP
  • 5 g de Sal Ahumada Original SMP de molino
  • 1 manojo de cebolla de rabo

Para el guacamole con pico de gallo:

  • 5 g de Rub del Norte SMP
  • 2 aguacates
  • 1 tomate huaje
  • 2 chiles jalapeños
  • ¼ de cebolla morada
  • 5 g de cilantro
  • 2 limones
  • 10 ml aceite de oliva

Procedimiento:

  1. Sazonar los tuétanos con sal ahumada original SMP de molino. 
  2. Colocar los tuétanos a fuego directo a 650°F – 343°C por el lado abierto por 5 min o hasta que empiece a sudar, voltear del lado del hueso y pasar a fuego indirecto a 300°F – 177°C, tapar el asador y cocinar por 20 minutos más. Reservar. 
  3. En un tazón, mezclar Rub de la costa SMP, Rub Rojo SMP y Sal Ahumada Original SMP.
  4. Sazonar la carne al gusto por ambos lados, untar un poco de aceite de oliva. 
  5. Asar a fuego alto y directo con la técnica de vuelta y vuelta junto con la cebolla de rabo (dar vuelta cada que empiece a sudar para conservar la proteína más jugosa) 4 o 5 vueltas estará lista. Reposar.

Para el guacamole:

  1. Picar la cebolla y el chile, colocarlo en un tazón, agregar el limón, aceite de oliva, ½ cda de Rub del Norte SMP y refrigerar por 5 minutos. 
  2. Agregar el aguacate y tomate en cubos pequeños y mezclar muy bien. Disfrutar armando taquitos o emplatado a su gusto, con salsa de su preferencia.

El fuego nos une.

Fer Garza
Fire Master
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